“No hacemos suelta de murciélagos ni bebemos sangre”

 

Dos masones desmitifican el funcionamiento y los objetivos de las órdenes.

No son protagonistas ni testigos de extraños ritos de iniciación. Tampoco son hombres extremadamente formales ni intimidantes por sus formas. “No hacemos sueltas de murciélagos, ni bebemos sangre humana”, exagerarán sobre los prejuicios que existen. No califican lo que hacen con adjetivos que puedan alimentar cierto halo de misterio. Pero sí se cuidan de no exponerse en vano y no revelar alegremente los lugares de reunión, a los que denominan templos; ni sus identidades. Funcionan como círculo cerrado al que se accede después de por lo menos tres rigurosas entrevistas. Tienen ciertos requisitos que podrían hacer fruncir el ceño a algún ajeno. En general se dividen tajantes entre hombres y mujeres. Y sí, atraviesan una ceremonia iniciática especial, la cual después será considerada por ellos mismos como divisoria de un antes y un después.

Son los masones y viven (en la ciudad, en el país, en el mundo) entre sus conciudadanos y entre sus pares y colegas como si fueran, por ejemplo, dirigentes de una ONG o un club. Sólo que generalmente lo callan. Los hay de todas las profesiones y oficios, existen funcionarios con distinto nivel de responsabilidad pública y pertenecen a distintos colores políticos o a ninguno.

Desde sus lugares dicen trabajar para alcanzar lo que definen como el objetivo máximo, “la utopía”, de cambiar al hombre para alcanzar una sociedad mejor. Se consideran filantrópicos, y entienden esa virtud como la que los lleva a hacer el bien “por amor a sus pares”, aunque desde el anonimato. Son promotores de la construcción de escuelas y hospitales, o administradores en las sombras de comedores y talleres protegidos. Pero tienen vedado decir lo que hacen porque creen que “es muy fácil ensuciarse con el ego”.

Pero dan ejemplos concretos de “utopía” concretada y “filantropía” en desarrollo. Consideran a Domingo Faustino Sarmiento, el educador –aclaran–, como el paradigma de un masón que, desde su lugar, trabajó por uno de los valores esenciales de las logias, al desarrollar en el país un sistema educativo revolucionario laico e igualitario.

Y en La Plata mencionan al Instituto Bernardino Rivadavia como institución filantrópica por excelencia, manejada por la Gran Logia, que gobierna a nivel nacional a las más de 200 órdenes argentinas. 

FUNDACIONAL. En La Plata funcionan actualmente cuatro logias: Luz y Verdad 79, La Plata 80, José Martí 168 y Alejandro Korn 488. Existe también una de mujeres y se está por formar la primera mixta. El nombre debe tener alguna significación potente para sus miembros, y el número remite al orden en que fueron creadas.

Las dos primeras mencionadas funcionan, con vaivenes marcados por el ritmo político del país, desde la fundación de la ciudad. Durante los períodos antidemocráticos, dicen ellos, la actividad cae “por la persecución a los librepensantes”. Y citan como ejemplo que todos los presidentes argentinos hasta 1930 fueron masones.

La Plata 80 carga sobre sus espaldas la responsabilidad de haber sido creada por el arquitecto Pedro Benoit, artífice del diseño de la ciudad junto a otro ilustre masón: Dardo Rocha.

Actualmente sus miembros, alrededor de 30, se reúnen los primeros y terceros lunes y miércoles de cada mes. Lo hacen en un templo, también llamado lugar de trabajo, que se encuentra en el microcentro platense.

Aquí, por acuerdo previo con los miembros de la logia, no se dará la dirección, sólo se dirá que está a dos cuadras y media de la Plaza San Martín y otras tantas de Plaza Moreno, en un lugar de ideas cuyo nombre remite a otro reconocido masón vinculado con la historia de La Plata.

De todos modos el lugar no es tan secreto. Existen tours que lo incluyen en su recorrida, y la calle y su numeración exacta aparece en el sitio web de la Gran Logia.

Ese “acuerdo previo” lleva a no revelar las identidades de los dos miembros de la logia que se reunieron con Diagonales durante la elaboración de esta nota. Sólo se dirá, a riesgo de forzarlo, que uno es quien ocupa el lugar de “venerable maestro” o presidente, su máxima autoridad, y que el otro es “compañero” (las tres categorías son aprendiz, compañero y maestro). Se agregará que las iniciales del primero son H.M. y las del segundo I.S. Y violentando los límites unos centímetros más se agregará que uno de ellos es aviador y que el otro es un médico que ya no ejerce.

UNA APERTURA. Los dos hombres se sientan en la vereda de un bar de 4 y 51, desde donde se divierten mirando la simbología masónica de varios edificios que los rodean. “Toda esta ciudad es un gran mensaje masón, porque todos sus constructores eran masones, sólo hay que saber leerlos”, dice H.M. jugando con la ignorancia de su interlocutor. “Los que lo saben leer reconocen lo que quisieron poner en cada lugar”, se limita a decir. Son símbolos universales, comparables en ese punto a las señales de tránsito. No revela demasiado e invita graciosamente a sumarse a la logia para aprender.

“En el último tiempo ha habido una apertura por decisión del gobierno actual de la Gran Logia”, dice el maestro platense, y admite que de otro modo él no podría hablar como lo hace ahora. De todos modos esa pertenencia no se grita a los cuatro vientos. “Sólo nos revelamos cuando los consideramos útil para la orden, y yo considero que dar este reportaje tiene esa utilidad”.

Esa decisión de mostrarse llevó a que el gran maestro (así se llama al conductor nacional) Ángel Jorge Clavero aparezca en la televisión y los diarios, o que haya presentaciones en las universidades, o que el listado de todas las autoridades de la Gran Logia aparezcan en su sitio de Internet. En el caso platense eso se refleja en la UNLP, donde existen dos cátedras de libre pensamiento. Del mismo modo, la revista Símbolo, que antes circulaba entre masones ahora extendió su mercado al resto de la sociedad.

Y esa apertura parece ir acompañando también lo momentos políticos del país. H.M. dice que en los últimos años, “no al amparo de este gobierno pero sí al amparo de las nuevas libertades que hay en todos lados, las logias no son atacadas, y cuando eso ocurre necesariamente crecen”.

Eso estaría redundando en un aumento de la demanda de interesados en ingresar, pese a que las condiciones son bastante estrictas (ver aparte). “Mucha gente busca lugares desde donde influir en algo en las políticas del lugar sin ser un partido tradicional, porque existe algún desencanto con esos espacios”. Pero pertenecer a una fuerza política no es excluyente. En La Plata 80 hay peronistas, radicales y socialistas, algunos de ellos con roles influyentes.

–¿Y hay miembros que hoy están en puestos de poder?
H.M. –Sí. Tenemos. Así como lo tuvimos un buen día a Dardo Rocha, que era gobernador, bueno ahora al gobernador no lo tenemos pero si lo pudiésemos tener no sería malo, ni para la sociedad ni para él. Y hay gente, en los distintos estamentos. También hay directores de hospitales, hay gente que puede influir sin ser el famoso fusible, como suelen ser los políticos. Hay maestros en el Chaco santiagueño, hay bomberos, hay masones en todos los estratos.

EL MISTERIO. Los dos masones sentados ante Diagonales dicen que el secreto que rodeó siempre a las logias “fue alimentada por sus enemigos”. Se refieren a “cualquier dogmático, cualquier tipo que ordena y manda, y siente como a un enemigo a un libre pensador”.

Y ellos, por precepto, no se defienden. “Entonces es muy fácil atacar a las logias. Se puede decir cualquier cosa porque nadie va a salir a desmentirlo. Hasta hay una serie de televisión en la que presentan a miembros de una logia que son capaces de matar para quedarse con el lugar del gran maestro –comentan en relación a El Elegido, que se emite por Telefé–. A nosotros nos parece ridículo salir a defendernos de eso”.

Saben que esa conducta puede alimentar la leyenda, pero lo justifican con los momentos de persecución que los masones sufrieron en países como Argentina o España. “Es muy raro que alguien te diga ‘yo soy masón’, o que cualquiera de nosotros identifiquemos a otro masón, si ese otro no se identificó. Yo nunca te diría si Cristina (por la presidenta Fernández de Kirchner) fuera masón”.

Las palabras de H.M. llevan la charla al momento de la negociación en torno a la posibilidad de revelar las identidades o retratarlos en una foto. El venerable maestro pone entonces los límites sobre los cuales en esta nota se intentó hacer equilibrio. “Por leyes internas podemos identificarnos si consideramos que es útil para la orden o para el país –insiste–. Pero decir por decir quiénes somos, no”.

 

Los valores masones

Etica. “Nuestras vidas se basan en honor e integridad, y creemos que la honradez, la compasión, la confianza y el conocimiento son importantes”.

Tolerancia. “La fraternidad valora diferencias religiosas, étnicas, culturales, sociales y educativas. Respetamos las opiniones de otros”.

Crecimiento. “Nuestra búsqueda continua del conocimiento, de la ética, de la espiritualidad, trae más significado a nuestras vidas”.

Filantropía. “Trabajamos en nuestras comunidades con el propósito de prodigarnos y aportar a las mismas con voluntarismo caritativo”.

Familia. “Nos esforzamos para ser mejores esposos, mejores padres y mejores miembros de la sociedad en que vivimos”.

Libertad. “Valoramos las libertades contorneadas en la Constitución de la República Argentina y promovemos la libertad del discurso y de la expresión”.

(*) Extraído del sitio web de la Gran Logia argentina

 

Escuadra compás

Son varios los símbolos que según los masones encierra el plano de La Plata. Dos de ellos son la escuadra y el compás. La primera dibujada por las diagonales 73 y 74 entre la Plaza Moreno y la avenida 122. El segundo lo forman las más angostas diagonales 77 y 78, con vértice en el Bosque.

 

Templo adventista

En la calles 46 entre 2 y 3, a metros de la sede del Club Universitario, el edificio donde actualmente funciona un templo adventista, fue una sede de la masonería en La Plata, en los primeros años del siglo XX. La edificación fue construida con rasgos masones característicos.

 

Teatro del Princesa

El edificio del Teatro de la Hermandad de Princesa funcionó a principios del siglo pasado como sede de 16 logias. Allí había consultorios médicos, taller de idiomas para extranjeros y funcionaron las primeras “mutuas” (hoy mutuales), con asistencia de todo tipo.

 

Pasaje: miles de mensajes

El Pasaje Dardo Rocha es un mar de simbología masónica. Igual que los viejos edificios que se extienden a lo largo de la Diagonal 80, el Cementerio o la mayoría de las plazas, todas de formas diferentes.

Uno de los elementos más evidentes del pasaje es el piso ajedrezado en blanco y negro, que se repite en varios de los templos masones más importantes. “Eso habla de la dualidad, son el del yin el yang, lo amargo y lo dulce, lo rápido y lo lento, lo violento y lo pacífico”, explica el maestro de La Plata 80.

Una de las condiciones para entrar es tener trabajo

La ceremonia de iniciación en masonería es igual desde hace casi 300 años. Ellos la definen como “especial, distinta”. Aunque no dan demasiadas precisiones desmienten casi todo lo que circula por Internet. Cada uno de los aspirantes a ingresar tiene un “porqué” diferente para hacerlo, y generalmente hay alguien que lo propone. El maestro de La Plata 80 enumera las condiciones necesarias: “Hay que ser mayor de 21 años; ser un hombre de buenas costumbres, esto es que no tenga causas penales graves; y que tenga medios lícitos de vida, es decir que tenga trabajo”.

–¿Un desempleado no puede ingresar?
H.M. –No, pero si queda desempleado cuando está dentro de la logia, va a ser muy protegido.
–Pero es difícil ingresar siendo desempleado…
H.M. –Y sí, pero tiene su explicación. Se considera que si no supiste resolver ese problema vos, no tenés muchas posibilidades de ayudar a otro. Viene por ese lado.
I.S. –No te olvides que hacemos filantropía, entonces cómo alguien puede hacer filantropía si no pudo solucionar su trabajo.
H.M. –Sí hay estudiantes, que no trabajan, porque están iniciando un camino, y los medios lícitos de vida les vienen a través de sus padres que le pagan los estudios.
–¿No es una explicación conflictiva en un contexto de desempleo estructural, en el que no tener trabajo puede exceder las posibilidades de la persona?
H.M. –Si ese desempleado fuera masón hubiera sido protegido y tal vez no hubiera perdido el empleo. O le hubieran buscado un empleo alternativo. Lo digo muy burdo, pero se intenta evitar que alguien llegue especulando con que “si yo entro acá donde están estos tipos que está acomodados, tal vez pueda acomodarme…”. No. Si vos no pudiste resolver tus problemas es difícil que dentro de la logia puedas mejorar mucho. Ese es el concepto. Pero estudiantes tenemos muchos, y los aceptamos, porque cuando se reciban encontrarán un espacio y van a tener su formación moral para salir a ayudar gente a través de su profesión. No es que tiene que tener guita, pero sí una cierta condición moral. Paciencia, sacrificio.

LAS ENTREVISTAS. Los aspirantes a ingresar a una logia deben atravesar, como mínimo, tres entrevistas, realizadas por tres maestros por separado, quienes luego emiten informes al presidente o venerable maestro. “En esas instancias se trabajan una serie de ítems con los que se apunta a filtrar aspirantes que puedan tener componentes racistas o discriminatorios, se plantean las obligaciones, que vas a tener que concurrir a las reuniones, que vas a dar más que recibir, que vas a pagar una cuota. Es decir, se plantean todas las malas”.
En una segunda instancia se evalúa el real interés de los aspirantes por ingresar. “Mucha gente es rechazada porque quieren proyectarse en algo. Huelen poder, y piensan que desde acá pueden acceder a un partido político”.

–¿Ustedes por qué entraron?
H.M. –Yo tenía un amigo que era masón y me estuvo persiguiendo durante tres años para que me sume. Hasta que un día le dije: “Bueno mirá, me tenés podrido, voy a ver qué es eso”. Se lo agradezco.
I.S. –Mi caso está vinculado con el crecimiento personal. Y en este caso lo tomo como una escuela filosófica para perfeccionar mi ser. Y la masonería es eso, una escuela filosófica para ser más bueno en la sociedad. Y ser más feliz. Creo que lo logré, o lo estoy logrando.

Sanciones

La constitución de los masones en Argentina contempla sanciones para sus miembros. Existe un código que incluye desde apercibimientos hasta la expulsión. Todo depende del grado de la ofensa y quien lo define es un tribunal con jueces, defensores y fiscales. No existe en si una sanción por revelar el secreto masónico, pues la misma naturaleza se encarga de esto.